Impresiones o ideas a vuelapluma que van emergiendo unas veces, que se vomitan otras, que en ocasiones luchaban pos escapar de mi cabeza y que ahora, espero, poder plasmar en éste blog que imagino tan caótico como lo es su dueño a veces o tan metódico como resulta ser otras.
miércoles, 4 de julio de 2012
Presanfermin 2012
El presanfermín es muy variable, en realidad yo creo que el presanfermín comienza el día quince de julio de cada año, un rato después del encierro de la villavesa, ese que suele acabar con los municipales embroncados en la cuesta de Labrit. En realidad, ya digo, el presanfermín nos ocupa todo el año excepto los diez dias mágicos en que Pamplona no es Pamplona, sino una hecatombe internacional e internacionalista en la que caen los convencionalismos propios de esta capital provinciana hoy, pero capital de un Reyno que fué . Los peldaños de la escalera que comienzan tras las uvas de la suerte que abren el año nos van marcando ya de un modo taxativo e irrefrenable, y cada peldaño se sube en una cuenta atrás que nos acerca a Junio casi sin darnos cuenta. Cuando los hierros de la tómbola ocupan el Paseo de Sarasate recordamos de nuevo que "ya falta menos". Cuando los tablados el Encierro aparecen en algunos tramos la Fiesta se vé innminente, y a éstas alturas, ya de Julio, y con todo casi listo y hasta la ropa blanca, planchada aguardando en el armario los sanfermines se ven ya como una especie de "mili" que hay que pasar y ya estás sorteado...una costumbre que hubo hasta que los navarros sobre todo decidimos que a la mili ya no ibamos a ir más y los insumisos se multiplicaban de semana en semana. El cartel de Sanfermín de éste año me recuerda un poco a eso, es un revival del histórico cartel del tío Sam llamando a filas a los yankees en la Gran Guerra del 14, es una versión avinagrada, porque en vez del Tio Sam es Caravinagre quien nos convoca imperativo a la fiesta para mí mejor del planeta. Y parece que nos ordena pasarnoslo bién, así, a toque de corneta, o de cohete. Ahora, cuando el reloj cuenta atrás de Kukusumusu marca que faltan dos días, once horas y cuarenta y cinco minutos la calle Estafeta espera silente que el ruido se apodere de ella. Algunos comercios, ahora cerrados, ya lucen de día un surtido de blanco y rojo,camisetas y pañuelos en bajeras normalmente dedicadas a otros menesteres o a otras ventas menos lucrativas en sanfermines. Los bares ya han hecho acopio de provisiones y apenas les falta algun detalle de última hora. Algunos balcones ya lucen banderas o pañuelos rojos, quizá indicando que sus propietarios ya se han escapado a Salou, pero dejando en el fondo el alma prendida y al fresco, como si algo de ellos debiera de permanecer en Iruña a pesar de su deserción festiva. La víspera de la víspera, el cinco de Julio se vive desde siempre, o al menos desde que yo soy testigo, como una especie de último días del planeta, como la víspera del Juicio Final, como si el Apocalipsis fuera sólo cuestión de horas y éstas corrieran demasiado para poder ultimar nuestra propia vida. Y el amanecer del día seis, con alguna excepción, lo he vivido siempre como un clarear de color blanco y rojo, tímido éste, con el pañuelo en el bolsillo o atado a la muñeca hasta que el mediodía cambie el mundo y Pamplona ya sea otra cosa.La gente pasea presurosa a muy primera hora, mirando cómplice a quien te cruzas, también vestido de blanco sobre una calle todavía desierta. Y ya en el último segundo previo a que el txupinazo transforme Iruña recordaremos los meses tan largos que han discurrido desde aquel Pobre de mí siempre triste y depresivo. Ahora ya no falta ya nada, y el pañuelo me espera, para agobiarme a ratos, como ese pantalón blanco y largo tras dias de cómodo y colorido pantalón corto. Volveré a vivir emociones que no sé describir, porque quizá no deban ser descritas, sino vividas....y si algo me gusta es VIVIR.
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