martes, 12 de mayo de 2020

Dudas en tiempos de pandemia

 A.L.G.D.G.A.D.U. Libertad, Igualdad, Fraternidad.                      La experiencia de la Historia nos dice que nunca los hombres hemos sabido enfrentarnos a lo desconocido sin equivocarnos en la respuesta. Los habitantes de Pompeya que vieron humeante al Vesubio se limitaron a seguir con sus ocupaciones diarias...hasta que no hubo salvación posible, y dos mil años años después quienes pasaban las navidades en las playas tailandesas no entendieron porqué el mar se retiraba y los animales huían...hasta que vieron como el agua les engullía.                                                 Nuestra respuesta ante lo que desconocemos es tan variable como variables somos cada uno y nuestro modo de encararlo puede ser de miedo, de indiferencia, de búsqueda de respuestas que nos sean convincentes o sencillamente nos convengan en ese momento.         Ante lo desconocido e invisible nuestra percepción es tan personal que depende de infinitos factores y pretender que toda una sociedad, es más , todo un planeta responda de modo unánime es pura quimera, el sueño inútil de quienes rigen nuestros países.         Llevamos dos meses recluidos en nuestro mundo particular, en nuestras casas con mejor o peor aceptación o resignación, y vivimos la sensación de que el mundo de fuera nos resulta extraño, ajeno, casi desconocido aunque era nuestro ambiente común hace poco. Nuestra percepción del otro, del exterior, de nuestra misma calle ha cambiado; La esquina que tenemos a apenas veinte metros nos oculta ya un mundo que no nos parece sea nuestro...                      Hemos olvidado el calor de un abrazo, lo añoramos como algo que percibimos lejano, algo que fue y que no sabemos cuándo volverá a ser. Navegamos a diario en un mar de bulos, información y contrainformación, dime y diretes, viviendo unas sensaciones que desconocíamos, y también , posiblemente, en una introspección que siempre es necesaria.                                                                                  Nos vemos las caras gracias a la tecnología del siglo XXI porque echamos de menos esa cercanía que nos humaniza, nos reunimos todos desde un rincón de la casa de cada uno, desde la intimidad de lo particular y esa misma generalización de la intimidad nos acerca y enternece.   Nos hermana. 
Desconocemos cuándo será posible la vida como era antes, o quizás nunca lo sea. Resulta paradójico que algo tan pequeño, invisible , cambie algo tan grande como nuestro mundo, pero ya lo han cambiado otras pandemias en el pasado, y el mundo resultante tras ellas cambió. 
La edad, o nuestro apego a lo que conocemos nos hace desconfiar de lo que no no es familiar, de lo extraño y ajeno, y es nuestra razón la que nos dicta cada paso a seguir, y cuando ésta no nos sirve la sustituimos por la mera intuición. Necesitamos saber qué tenemos delante a cada paso, y eso ahora no sucede, y damos, y daremos como sociedad y como individuos pasos en falso, traspiés y caídas. Habíamos olvidado cómo Humanidad que la certeza es una entelequia, que sólo la duda nos hace avanzar y sólo sí dudamos que camino tomar, pero tomamos uno aunque sea el equivocado, aprenderemos más que si nos detenemos.  He dicho.

jueves, 20 de diciembre de 2012

El tiempo variable, el mundo variable

Resulta curioso como el tiempo se dilata o se encoge en nuestra  percepción de el en función de nuestras circunstancias, como si tuviese el tiempo posibilidad de ser variable en nuestro mundo real . Pasa algo parecido con las amistades y las relaciones, el tiempo o la distancia  nos corroboran el cariño o lo transforman en una rémora del pasado sin solución de continuidad. En ocasiones hasta nos resulta molesto, cuando alguien pretende recuperar unas relaciones que tuvieron sentido en su momento pero carecen de el en el actual. Los tiempos pasan inexorables y nuestras circunstancias varían con el...nada puede volver a ser como fue, porque en la existencia humana las repeticiones no existen, y todo intento resulta vano y condenado a resultar una mala copia de lo ya acontecido.           Cada amanecer nos ofrece una perspectiva diferente dela vida, porque los días jamás se repiten aunque en ocasiones pudiera parecernoslo.  Hasta la muerte nos resulta temporal, de modo que el olvido de los finados los sume en un ostracismo y en su fin. Los faraones egipcios se aseguraron la eternidad porque sus obras impiden el olvido, así pues sólo nuestras obras nos garantizan una vida que trascienda a su propio tiempo, sólo aquello que con nuestro trabajo nos evoque por un tiempo será capaz de trascendernos a nosotros mismos. En este mundo al que algunos tontos le auguran apenas unas horas de vida, hoy veinte de diciembre, en este mundo todo resulta tan baladí como efímero , y sin embargo eso es todo , aunque nuestra visión enfatizada de la existencia le quiera conferir unos valores de los que carece.                                                                                                          Miramos con desdén a otros seres vivos, como si nuestra posición en la escala se los seres vivos nos confiriera una capacidad de de decisión sobre ellos. Así creemos en un trascendencia de nuestra existencia que negamos al resto. Quizá nuestro mecanismo haya evolucionado más , o mejor, haya evolucionado de diferente modo al de una planta o un insecto, pero eso no nos autoriza a creernos superiores. En el mundo todos somos iguales porque todos estamos llamados a cumplir una función y esta no viene marcada por los designios de ningún ente superior, puesto que nada es superior a nada, sino por que la evolución en el planeta nos adjudica un papel que nuestra supuesta inteligencia se obstina en negar e impedir. Vivimos empeñados en negar la evidencia de nuestro rol, enfrascados en tareas para las que la Naturaleza no nos ha preparado...y así esta se nos revuelve indómita poniéndonos en nuestro lugar una y otra vez...pero nosotros, que no admitimos nuestro papel de meros miembros del club de los seres vivos y no sus gestores, volvemos a repetir los errores...y así nos va.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Vísperas navideñas

A estas alturas del año parece obligado escribir sobre las Navidades, porque todo nuestro entorno lo recuerda constantemente . Perdida definitivamente la connotación religiosa de la fiesta , esta se configura como una apoteosis consumista en la que cada uno pone el límite del gasto según sus posibilidades o no. La Navidad, en el fondo ha vuelto a sus orígenes como fiesta solsticial, como liberación de stocks comerciales, como excusa para       reuniones familiares o de amigos.      Las calles, a tenor de la crisis, lucen una iluminación tan escueta como inconsistente,y en vez de animar al consumo invitan a ayudar al consistorio a pagar la factura eléctrica. Las calles tampoco presentan un aspecto animado, ni mucho menos las ventas se reflejan en las bolsas que la gente porta....nada diferente de un mes sin extraordinaria.   Eso, si uno tiene extraordinaria, o no la debe a la empresa por algún urgente adelanto.  Desde mi privilegiada atalaya de la Plaza del Castillo apenas se ve actividad festiva,ni grupos de alegres compañeros celebrando las antaño inevitables cenas de empresa. En pocos días pasarán a mi lado unos Reyes Magos con bastante menos trabajo que otros años, seguirá habiendo en su derredor niños emocionados, pero los llorosos serán los padres incapaces de responder a los deseos de sus retoños.                                               La cercana Lotería volverá a ilusionarnos a los pobres como lo hacía en la posguerra , pero ahora el Estado también se quedara con parte del premio tan anhelado como necesario. Las comidas navideñas abusaran de congelados y las uvas se tomarán con el deseo de perder de vista un año que ha sido desastroso pero sin ninguna esperanza de que el 2013  vaya a ser mejor. Comentaba en el anterior blog que la sociedad está desesperanzada, sin ilusión ni alegría de vivir, la Navidad de este año no es sino más de lo mismo ...



miércoles, 21 de noviembre de 2012

La sociedad moribunda

No parece descabellado afirmar que estamos viviendo un proceso de descomposición  de la sociedad que conocíamos . Nos habían acostumbrado a que cada generación tuviera una calidad de vida ligera o sensiblemente superior a la que le precedió . Y esto ha pasado a ser historia. Vivimos un momento de desilusión  generalizada,  de una profunda amargura existencial de la que no hay visos de ver el fin. Una sociedad embotada de un consumismo voraz que ahora no puede ser satisfecho. En un proceso que Occidente no conocía desde la Depresión del 29 y sus consecuencias  los otrora despreocupados ciudadanos se ven de pronto abocados a un progresivo empobrecimiento  para el que nadie nos había preparado.                          A la falta de presente se añade para mayor desesperanza la absoluta convicción de la falta de futuro.               La juventud, que siempre ha sido el motor de los cambios desde que el homo sapiens comenzó a colonizar el planeta ha perdido la ilusión , y sin juventud ilusionada para crear no hay creación posible. Vivimos una sociedad edificada sobre los cimientos del Poder económico, cada vez este mas transnacional impersonal y frío . Este, al irse distanciando progresivamente del mundo real ha creado unas estructuras para su perpetuación que imposibilitan la humanización del Sistema conformando una cadena de injusticias que nos motivan al cambio radical, sin componendas, sin puentes de conexión . Una sociedad que se siente engañada, engañada por unos políticos que descaradamente incumplen lo que prometieron, por una estructura financiera que los ahoga, extorsiona y estafa, por unos educadores que les aseguraron que la cultura les convertiría en hombres de provecho con trabajos bien remunerados y satisfactorios...La sociedad carece de fe en si misma, se siente abandonada a su suerte por unos estamentos que ni comprende ni conoce ni ha elegido. La sociedad moribunda es incapaz de proyectar una nueva sociedad, porque hasta la propia creación esta en entredicho. El pesimismo es como los árboles impidiendo ver el bosque.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Alrededor del sindicalismo

Parece casi unánime la creencia de que el movimiento sindical tal y como esta planteado desde el siglo IXX presenta unos parámetros que el devenir de la historia ha dejado caducos e inoperantes.          En una sociedad en la que la economía ha dejado de ser nacional para ser transnacional, cuando las grandes compañías y los lobbys financieros controlan los procesos de producción desde su inicio hasta el consumidor impidiendo que los trabajadores controlen ninguna etapa del proceso parece obligado replantearse las herramientas con las que el Movimiento Obrero debe y puede intervenir y operar.              El concepto nacional aplicado al sindicalismo no hace sino limitar, autolimitarse a realidades nacionales operatividades que deben de aplicarse a un contexto global y transnacional.          Consejos de Administración tan opacos en ocasiones como insensibles a sus decisiones regulan, ordenan, imponen y administran la economía del planeta  de un modo unitario no teniendo  enfrente, para controlar sus actuaciones un sindicalismo realmente capaz. Parece imprescindible desde el punto de vista del Movimiento Obrero ser capaces de conformar un mecanismo Internacional con capacidad real de actuación frente a las compañías transnacionales.  La división sindical por Estados nacionales no hace sino resultar escasamente operativa frente a una economía y a unas empresas que hace años superaron las fronteras. Nunca ha tenido como ahora mas sentido el concepto de Internacionalismo que el Movimiento obrero acuñara hace tantas décadas .

lunes, 12 de noviembre de 2012

Los recuerdos presos

Los recuerdos a veces nos atan, hay ocasiones en los que nos sujetan hasta impedirnos avanzar, incluso nos retrotraen a nuestro pasado más negro o de nuestro entorno. Hay recuerdos que se imponen al avance de nuestra espiritualidad, recuerdos que pesan más que la razón y nos provocan sensaciones contradictorias.    Los hechos pasados, los dolores y las pesadumbres a veces se nos presentan tan actuales como inevitables, y nos condicionan nuestras acciones orientándolas en una dirección que en muchas ocasiones nos impiden avanzar como personas. El pasado a veces pesa sobre el futuro condicionándolo de un modo que lo imposibilita. No existe el futuro sin la referencia del pasado, porque los tiempos se alimentan unos de otros, y es incomprensible que el futuro se vea supeditado al pasado porque nuestros actos nacen de nuestra libertad y ésta mediatizada por los hechos ya ocurridos, se desdibuja hasta desaparecer.      Resulta de todo punto imprescindible analizar nuestro pasado para aprender de él pero no vernos lastrados por él. El futuro de nuestra existencia se moldea cada día, se perfecciona y adapta a cada instante porque éste oscila entre nuestro deseo y nuestras circunstancias, entre nuestras verdades y mentiras ,que a veces nosotros mismos ignoramos.      El desconocimiento de nosotros mismos nos aboca a tomar decisiones erróneas y en ocasiones el conocimiento que de nosotros mismos tenemos se ve supeditado al" yo" que quisiéramos, no al "yo" real.          Los recuerdos a veces nos encierran, nos limitan y condicionan. Los recuerdos bailan en nuestro inconsciente mediatizando el consciente, haciendo de la realidad, el futuro inmediato o lejano una consecuencia del pasado. Y éste, inevitable por pretérito, se nos aparece a cada instante mediatizando nuestro hecer diario, nuestras conclusiones vitales.