A.L.G.D.G.A.D.U. Libertad, Igualdad, Fraternidad. La experiencia de la Historia nos dice que nunca los hombres hemos sabido enfrentarnos a lo desconocido sin equivocarnos en la respuesta. Los habitantes de Pompeya que vieron humeante al Vesubio se limitaron a seguir con sus ocupaciones diarias...hasta que no hubo salvación posible, y dos mil años años después quienes pasaban las navidades en las playas tailandesas no entendieron porqué el mar se retiraba y los animales huían...hasta que vieron como el agua les engullía. Nuestra respuesta ante lo que desconocemos es tan variable como variables somos cada uno y nuestro modo de encararlo puede ser de miedo, de indiferencia, de búsqueda de respuestas que nos sean convincentes o sencillamente nos convengan en ese momento. Ante lo desconocido e invisible nuestra percepción es tan personal que depende de infinitos factores y pretender que toda una sociedad, es más , todo un planeta responda de modo unánime es pura quimera, el sueño inútil de quienes rigen nuestros países. Llevamos dos meses recluidos en nuestro mundo particular, en nuestras casas con mejor o peor aceptación o resignación, y vivimos la sensación de que el mundo de fuera nos resulta extraño, ajeno, casi desconocido aunque era nuestro ambiente común hace poco. Nuestra percepción del otro, del exterior, de nuestra misma calle ha cambiado; La esquina que tenemos a apenas veinte metros nos oculta ya un mundo que no nos parece sea nuestro... Hemos olvidado el calor de un abrazo, lo añoramos como algo que percibimos lejano, algo que fue y que no sabemos cuándo volverá a ser. Navegamos a diario en un mar de bulos, información y contrainformación, dime y diretes, viviendo unas sensaciones que desconocíamos, y también , posiblemente, en una introspección que siempre es necesaria. Nos vemos las caras gracias a la tecnología del siglo XXI porque echamos de menos esa cercanía que nos humaniza, nos reunimos todos desde un rincón de la casa de cada uno, desde la intimidad de lo particular y esa misma generalización de la intimidad nos acerca y enternece. Nos hermana.
Desconocemos cuándo será posible la vida como era antes, o quizás nunca lo sea. Resulta paradójico que algo tan pequeño, invisible , cambie algo tan grande como nuestro mundo, pero ya lo han cambiado otras pandemias en el pasado, y el mundo resultante tras ellas cambió.
La edad, o nuestro apego a lo que conocemos nos hace desconfiar de lo que no no es familiar, de lo extraño y ajeno, y es nuestra razón la que nos dicta cada paso a seguir, y cuando ésta no nos sirve la sustituimos por la mera intuición. Necesitamos saber qué tenemos delante a cada paso, y eso ahora no sucede, y damos, y daremos como sociedad y como individuos pasos en falso, traspiés y caídas. Habíamos olvidado cómo Humanidad que la certeza es una entelequia, que sólo la duda nos hace avanzar y sólo sí dudamos que camino tomar, pero tomamos uno aunque sea el equivocado, aprenderemos más que si nos detenemos. He dicho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario