lunes, 18 de junio de 2012

Sorgiñaren Eguna

Zugarramurdi, la bella población de Xareta, al norte de Navarra, celebró anteayer su sexto "Sorgiñaren eguna" el Día de las Brujas, intentaré contarlo.                                                  Esta vez no estabamos muchos, la coincidencia con la convocatoria de Nafarroa Bizirik en Pamplona restó, creo yo asistencia. Pero lo pasamos bién aunque el shirimiri se empeñó a partir del media tarde de, nunca mejor dicho, aguar la fiesta  en la calle. La cueva, es eso, cueva, y protege de las inclemencias. El tamaño de la llamada Catedral del Diablo es tal que tiene capacidad para muchísima gente y no hay riesgo de no caber.                                   Los niños inauguraron la jornada con el reparto de premios del concurso de dibujos y cuentos en torno a la brujería y en concreto a las brujas de Zugarramurdi. En la calle resonaban las trikitrixas. Tras la inocencia de los niños vino la seriedad de la conferencia, la primera del día, ésta en castellano, sobre la investigación sobre la brujería. Xabier  Susperregi y Carmen Yarnoz apuntaron datos sobre el fenómeno de la brujería en la época de los procesos de Logroño, en 1.610. . El público siguió atento las ponencias y poco a poco se hizo gana de comer.                                     A la tarde el programa se vió alterado por el shirimiri, la sempiterna llovizna vasca que parece que no te moja y al final te cala hasta los huesos.                                               El plato fuerte del día fué el akelarre. En la boca de la cueva las sorgiñas tendían la ropa, lavaban y cotilleaban. Un novio despechado acusa a la Inquisición, y ésta inicia un proceso que las llevó a la hoguera.                                                        Al fondo de la cueva, en otro escenario natural, las sorgiñas bailan en torno a el fuego, bailan y bailan, se aparece Akerra, el diablo, rodeado de una aureola mágica y misteriosa. Una tela negra larga une la cadena de sorgiñas que danzan en torno a Akerra, y esta se extiende lúgubre ocultando a las sorgiñas del exterior. Al final el demonio desaparece y en su lugar otros seres  de fuego irrumpen en la Catedral del Diablo. Llenando con sus tambores el hueco que las sorgiñas han dejado. Una recreación de un akelarre en la que disfrutamos y participamos. A Carmen le hizo mucha ilusión hacerlo. Es de agradecer el trato que nos dispensaron las responsables del Museo de la Brujería, y el reconocimiento hecho a Carmen por la organización del evento. Y hasta el Sorgiñaren Eguna 2013.  

jueves, 7 de junio de 2012

Espiritualidad laica?

Se me plantea el tema de si la espiritualidad puede ser  laica o no . Vista la Espiritualidad desde los parámetros a las que las religiones tradicionales nos tiene acostumbrados parece imposible una Espiritualidad sin Dios, en mi opinión modesta es exactamente la creencia en un Dios de Masas lo que imposibilita la Espiritualidad. Esta se manifiesta en las religiones  monoteistas principales  como un dón "otorgado" por Dios e imposibilita obviamente la idea de una Espiritualidad en la que Dios no pase de ser una quimera.          La Espiritualidad surge del Individuo como ente libre, como búsqueda personal de la Trascendencia sin mediador posible.   La Espiritualidad del Individuo es un concepto al que cada Ser otorga un valor y una propia esencia, sin que sea posible una Espiritualidad estandarizada válida para todos.  A menudo confundida con la Etíca, la Espiritualidad es la capacidad del Individuo en cuanto ser libre de gestionar sus propias experiencias espirituales, y al gestionarlas, hacer de ellas la base de una Espiritualidad única, imposible de clonar ni repetir.                                                                                 Las  principales religiones monoteistas, no así el budismo, han limitado la Espiritualidad a una serie de acatamientos preestablecidos de supuestas verdades intangibles no susceptibles de reforma ni debate alguno. Tomado así, la Espiritualidad  se reduce a un intento de contacto con el Ser Superior mediatizado por una serie de ritos ajenos al yo profundo de cada individuo, y hecho esto, la relación del Hombre con su Espíritu pierde cuanto tiene de Personal para limitarse a una mera imitación de patrones preestablecidos de un falso concepto de Espìritualidad.       La creencia o no creencia en un Dios superior no es determinante para la existencia de la Espiritualidad por cuanto ésta se  circunscribe al ámbito personal del Individuo,  en su relación con la Trascendencia, que no es sino la capacidad, exclusivamente humana, de traspasar las fronteras de lo físico para elevándose sobre ello, conectar de un modo único y diferente en cada uno, con nuestro yo más profundo, y de desde ahí, y sólo desde ahí, dar al Espíritu el valor y la trascendencia que nuestras particulares necesidades demanden.