A estas alturas del año parece obligado escribir sobre las Navidades, porque todo nuestro entorno lo recuerda constantemente . Perdida definitivamente la connotación religiosa de la fiesta , esta se configura como una apoteosis consumista en la que cada uno pone el límite del gasto según sus posibilidades o no. La Navidad, en el fondo ha vuelto a sus orígenes como fiesta solsticial, como liberación de stocks comerciales, como excusa para reuniones familiares o de amigos. Las calles, a tenor de la crisis, lucen una iluminación tan escueta como inconsistente,y en vez de animar al consumo invitan a ayudar al consistorio a pagar la factura eléctrica. Las calles tampoco presentan un aspecto animado, ni mucho menos las ventas se reflejan en las bolsas que la gente porta....nada diferente de un mes sin extraordinaria. Eso, si uno tiene extraordinaria, o no la debe a la empresa por algún urgente adelanto. Desde mi privilegiada atalaya de la Plaza del Castillo apenas se ve actividad festiva,ni grupos de alegres compañeros celebrando las antaño inevitables cenas de empresa. En pocos días pasarán a mi lado unos Reyes Magos con bastante menos trabajo que otros años, seguirá habiendo en su derredor niños emocionados, pero los llorosos serán los padres incapaces de responder a los deseos de sus retoños. La cercana Lotería volverá a ilusionarnos a los pobres como lo hacía en la posguerra , pero ahora el Estado también se quedara con parte del premio tan anhelado como necesario. Las comidas navideñas abusaran de congelados y las uvas se tomarán con el deseo de perder de vista un año que ha sido desastroso pero sin ninguna esperanza de que el 2013 vaya a ser mejor. Comentaba en el anterior blog que la sociedad está desesperanzada, sin ilusión ni alegría de vivir, la Navidad de este año no es sino más de lo mismo ...
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