martes, 6 de noviembre de 2012

Sueños y fantasías

Los sueños nos reconfortan de la realidad, a veces nos inducen a un sopor que ignora el presente para idealizar un futuro tan incierto, tan dudoso como inexorable. Por ello los sueños, o la mera fantasía deben ocupar su espacio en nuestra mente, aun de adultos o quizá sobre todo de adultos.                                                                         Tendemos, por prejuicios culturales a considerar las fantasías como cuentos infantiles o cuentos exclusivamente para niños. Consideramos desde nuestro racionalismo que la fantasía no puede tener cabida en nuestra vida, con lo cual nuestra existencia se ve condenada a estar atada a la realidad, como si ésta no fuese susceptible de ser modificada, como si la realidad nos hiciese felices siempre y en todo lugar.                                                                           Reivindico desde éste comentario de hoy la fantasía y los sueños como elementos equilibradores de la existencia, como motores ocultos para la transformación de la realidad. La denostada magia, sea blanca o negra, es objeto e burla y chanza por un racionalismo tan poco racional como el fundamentalismo medieval. El racionalismo sólo cree aquello que cree controlar, aquello que empiricamente es capaz de demostrar, ignorando, en un ejercicio de soberbia, que sólo aquello que conoce y controla es real. Y no es así, la magia trastoca realidades con métodos de funcionamiento que escapan al puro racionalismo, con métodos y rituales que anclados en el tiempo inmemorial siguen activos aunque denostados  en éste tecnológico siglo XXI.                                                                    El soñar, ese mecanismo desconocido que nos ocupa un tercio de nuestra vida, marca, por su intensidad y profundidad, muchos de los actos que realizamos en estado de vigilia. Los sueños nos equilibran, y son reales en la medida que determinan muchas de nuestras actitudes ante la existencia. Los sueños nos nivelan, nos centran y realizan, la fantasía contenida en ellos nos motiva para el mundo real.                                                                                         Siempre debe de tener cabida la fantasía en nuestras creencias más profundas. Las hadas o los duendes no tienen cabida en un laboratorio, pero caben en nuestro inconsciente más consciente, como los ángeles o los amuletos, como la magia ritual o las religiones....                                                                                         En lo más profundo de los humanos, aun en los más racionalistas, nos queda ese poso, ese rescoldo de respeto por lo inexplicable que desde las cavernas llevó al hombre a pintar búfalos en ellas, y a llevar símbolos mágicos a la luna.

No hay comentarios:

Publicar un comentario